Como el famoso general y cónsul (más tarde emperador) romano que dijera ante el Senado que su victoria sobre Farnaces II en la Batalla del Ponto había sido cosa de: ”Llegué, miré y vencí” (Veni, vidi, vinci), la carrera de Handel en Londres fue cosa casi instantánea. Desde su primera ópera en esa ciudad, Rinaldo, estrenada en 1711, el compositor alemán se ganó el favor del público, la crítica y muy especialmente del Elector de Hanover, quien en poco tiempo habría de ser el rey George I de Gran Bretaña.
Cuando se estrena Julio César en Egipto (1724), su sexta ópera londinense, ya Handel tenía a todo Londres y parte de Europa a sus pies; pero esta obra lo llevó al pináculo de la gloria, representándose enseguida cientos de veces en varios países. Esta gloria se ha mantenido y, aunque el compositor habría de regalarnos numerosas obras de extraordinaria belleza –compuso más de 40 óperas, una docena de oratorios, concerti, etc.– ésta sigue siendo una de las favoritas del público, y esperamos que lo siga siendo a través de la puesta de la Florida Grand Opera –original del 2000– que sube nuevamente a escena el 26, en el Ziff Ballet Opera House del Arsht Center for the Performing Arts.
La música de esta ópera se ha usado mucho en películas y hasta en comerciales de televisión y es posible que aun aquéllos que vayan a verla por primera vez, descubran que las melodías les resultan familiares. En el papel de Julio César se han destacado muchas mujeres, ya que estaba concebido para un castrato, el famoso Senesino. Entre las famosas mezzos y contraltos que han dejado su huella en el papel están Janet Baker, Ewa Podles y Sarah Connolly. Como en las últimas décadas ha surgido una gran proliferación de contratenores –cuya voz iguala a las mencionadas tesituras femeninas–, también se han destacado en este rol un buen número de cantantes masculinos. Hace ocho años se lo escuchamos al maravilloso David Daniels, en esta ocasión le toca a John Gaston –a quien The New York Times ha elogiado por su “tono aterciopelado”– encarnar al famoso emperador.
El papel de Cleopatra es también muy codiciado por las sopranos, y en él se han destacado figuras como Beverly Sills, Monserrat Caballé y –con reservas– Danielle de Niese. En esta producción la veremos con una mimada cantante del público de Miami, Leah Partridge, muy aplaudida en la temporada pasada por su exquisita interpretación de Amina en La Sonnambula, de Bellini.
El tercer personaje protagónico en esta obra es Tolomeo, intrigante faraón hermano de la bella Cleopatra. El internacionalmente reconocido contratenor Brian Asawa –quien lo ha interpretado otras veces– tendrá a su cargo el caprichoso y perverso personaje.
Aunque el libreto de esta obra no parte de ninguna de las obras de Shakespeare que tocan el tema, está muy bien construido por Nicola Francesco Haym, y aunque por supuesto la acción a veces se detiene porque las arias –como en toda ópera barroca–, están cuajadas de ornamentaciones, funciona muy bien en el aspecto dramático, cargado de intriga, deseos turbios y ansias de poder, sin que falten oportunidades para el humor. Aquéllos que siguieron el serial de Roma en televisión verán los puntos de contacto con la historia del ambicioso emperador y la bella egipcia. Los personajes están bien construidos y hay contrastes y situaciones intensas. Todo envuelto en una música que no envejece. De ahí el triunfo mantenido a través de los siglos.
Las arias de César Va tacito e nascosto, Se in fiorito ameno prato (y casi todas las de ese personaje), las de Cleopatra Piangero la sorte mia, V’adoro, pupille y Da tempeste, la de Sesto Cara Speme, las de Tolomeo Domero la tua fierezza y L’empio, sleale, indegno, una vez escuchadas con detenimiento –por un buen cantante, claro– pueden resultar ”pegajosas”. Tanto como otras conocidas melodías handelianas, por ejemplo la famosa Ombra mai fu, de Xerjes. Svegliatemi nel core, aria de Sesto (compuesta también para castrato), gusta tanto, que la hacen suya cantantes de otra tesitura como Plácido Domingo, sin ir más lejos.
El reparto de esta puesta se completa con cantantes de la talla de Tom Corbeil como Curio, Elise Quagliata como Cornellia, Katherine Calcamuggio como Sesto, Sidney Outlaw como Achilla y Jason Abrams como Nireno. Son papeles secundarios pero no exentos de brillo, especialmente Cornelia. Uno de los momentos más hermosos de la ópera es el dúo de ésta con su hijo Sesto, al final del primer acto. También memorable, el aria de Nireno Chi perde un momento. Sólo he señalado algunos puntos, porque esta ópera es un verdadero desfile de momentos memorables. Como dice el dicho: “No tiene desperdicio”.
Los delirantes y coloridos decorados son obra de Paul Steinberg, y los trajes, de Constance Hoffman. El diseño de luces es de Pat Collins (quien también tuvo a su cargo La Boheme). La dirección escénica corre a cargo del prestigioso y premiado Mark Lamos, mientras que la musical estará en la batuta de Gary Thor Wedow quien dirigiera exitosamente esta misma obra en Seattle el año pasado.
La ópera barroca requiere un estado de concentración y relajamiento especial por parte del espectador. Aquí, aunque la trama tenga su peso, el verdadero protagonista es la música con sus recapitulaciones y sus coloraturas delirantes. Como el barroco es un período de exageraciones, las versiones modernas han encontrado soluciones muy atrevidas y divertidas –como el Julio César de Glyndebourne, 2005– para hacer más disfrutables estas obras a un público más acostumbrado a Traviatas o Fantasmas de la ópera. Pero una vez que el espectador entra en un mood barroco, esta obra –al igual que muchas de Handel, Hasse, Vivaldi y otros– es un verdadero festín para los oídos y altamente disfrutable.•
‘Julio César’ por la FGO se presenta en el Sanford and Dolores Ziff Ballet Opera House, 1300 Biscayne Boulevard, el 26 a las 7 p.m. y los días 30 de abril y 3, 6 y 9 de mayo a las 8 p.m. Matinée el 11, a las 2 p.m. El Nuevo Herald