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El baile y la danza lo lleva en la sangre… muy adentro. Es una de las coreógrafas más reconocidas de Colombia. En su mente siempre está el baile, los shows, las coreografías. Siempre está creando. En realidad, siempre le gustó el baile pero sólo a los quince años de edad lo tomó en serio. Se vinculó en ese entonces al Real Ballet del Atlántico en Barranquilla donde aprendió los primeros pininos en este arte. Luego, decidió irse a estudiar diseño de modas en Londres donde vivió por espacio de tres años. ¿Por qué no estudiaría danza? se pregunta aún. Pero aprovechó su estancia en Londres para hacer uno que otro curso de baile de manera independiente.

Al llegar nuevamente al país, la llamaron del Country Club para que montara su primera comparsa en el año 1983 que tuvo como titulo “100 años de soledad”. De ahí en adelante, continuó en la actividad que le ha dado el reconocimiento del público, además de alegrías y tristezas.

Rosanna lleva años preparando jóvenes en la danza en su academia y ha realizado buenos trabajos con su grupo, el Ballet Contemporáneo de Barranquilla, pero cree que ya es hora de salir y ver qué otras opciones hay para ella y el baile en otros países. Por eso, se unio a la organizacion del Carnaval de Barranquilla en Miami y es algo que ella ha tomado con gran alegria y orgullo. No solo porque representa un momento importante personalmente, pero porque siente una gran responsabilidad y un gran honor de ser la encargada de dirigir esta muestra de su tierra en el exterior.

‘Me gustan los tipos machos’, confiesa Rosana Lignarolo, La mujer que es recordada por muchos por su trabajo como jurado de ‘Bailando por un sueño’ quien nos comenta sus gustos, defectos y cualidades.

Esta bailarina y coreógrafa gusta de la música experimental, es una madre alcahueta, le encanta la playa y a la hora de brindar prefiere hacerlo con champaña.

Me gustan los tipos machos, me atraen los de mirada pícara. Ese es el problema de los celosos (tuve muchos novios así), son pícaros. Y soy enamorada, entregada, romántica, de hablado cursi y detallitos. El hombre que me abre la puerta, me da una flor y dice cosas bonitas me conquista.

Le tengo miedo a la muerte, pero es más de que sea la de alguien cercano. Nunca lo había interiorizado, porque me daba miedo, hasta que se murió mi papá y ha sido muy duro. Y de morirme yo, pero no por mí sino por mis hijos porque se quedan sin mamá. Y también a los insectos y los ratones.

Oigo música a toda hora, los Beatles o vieja, pero compro cosas experimentales, cosas de percusión, fusiones africanas con otros ritmos. También me gusta la melancólica y rock con sentido, como Queen, Supertramp y Pink Floyd, tengo los acetatos todavía. Para rumbiar, salsa y ritmos del Caribe.

Mis tres hijos, de 21, 19 y 9 años, me dan tres vueltas. Soy alcahueta y no concibo verlos tristes, me dolería, pero también me cuesta ser así, a veces no está bien, pero no logro evitarlo porque no me gustaría verlos sufrir.

Me encanta la champaña, porque uno siente que pasa como fácil. No soy conocedora de bebidas pero creo que lo mejor es esto o un buen vino tinto. Y también un whisky…

Cuando era adolescente, me fascinaba ver las películas de Marisol y disfrutaba verla cantando. Ahora veo otras y me ha tocado ir a películas de chiquitos, con mi hija de 9 años. A veces me da jartera pero descubro que son muy chéveres.

Me encanta la playa y un atardecer es el éxtasis. Con eso me desconecto de todo, me genera placer, melancolía y sentimientos revueltos. Me gustaría tener siempre un balcón frente al mar.

Soy impaciente y eso me pone de mal genio, soy impulsiva pero igual me calmo, aunque la gente me tiene full miedo porque doy la impresión de que soy aterradora, soy estricta pero también una rebacana.

No cocino, más bien dirijo, cosa que tampoco es fácil. Me gusta más la comida de sal que la de dulce, aunque me mata lo que tenga nueces y almendras. O unas cocadas de leche o un arequipe… ¡Un buen postre es un buen postre!